Estando embarazada se atrevió a mas... (III)
Estando embarazada se atrevió a mas... (III)
Estando embarazada se atrevió a mas... (III)
Esta es la cuarta entrega de los relatos del trío que armamos entre Wanda (26 años, morocha, de buenas carnes, pero no gorda), Marcela (35 años, embarazada de 6 meses con un cuerpo de 25 años, panza y tetas crecidas por su estado) y yo, un tipo de 32 años que me cuido bastante para continuar agradando a las mujeres.
Los que leyeron los relatos anteriores saben que los tres comenzamos a trabajar en el turno noche para no tener el control de nuestros jefes y poder hacer lo que se nos de la gana, entre estas cosas sexo. Comenzamos primero solamente con Wanda hasta que un día Marcela nos espió y la convencimos para que se nos uniera a cambio de su silencio. Su moral no se lo permitía pero su marido no le daba sexo desde que se entero que estaba en cinta, así que su deseo pudo más.
En el último encuentro, Marcela le demostró a Wanda que podía gozar con el sexo anal, aunque Wanda no estaba muy convencida, recordando algunas experiencias dolorosas de su pasado. Para ir ablandándola (física y emocionalmente) Marcela le mostró como se metía tres velas de vidrio en su ojete a modo de consolador y finalmente mientras le mamaba la concha a Wanda, le metió un dedo en el culo justo cuando estaba por llegarle el orgasmo. Wanda nos confeso que había sido el orgasmo mas intenso de su vida. Marcela se comprometió a enseñarle a gozar sin dolor.
Después de esa noche tuvimos similares encuentros de sexo salvaje e intenso durante todo el mes siguiente. El único agregado importante era la introducción de un dedo en la colita de Wanda cuando ya tenía cierto grado de calentura. Marcela era que me daba la señal cuando consideraba que Wanda estaba a punto y ella o yo le metíamos un dedo bien lubricado en saliva muy suavemente pero hasta el fondo. Al principio casi siempre se lo hacíamos mientras le chupábamos su concha, mas al final, Marcelo se lo aplico cuando yo la penetraba, improvisando una doble ensartada.
Una de las ultimas noches Wanda para no darnos lugar a manosear su preciado tesoro trasero, me tiro en la alfombra del piso de la sala de directorio y me cabalgo dándome la espalda. Apoyo sus dos manos atrás de ella sobre mi pecho inclinado su cuerpo hacia atrás. En esa posición ofrecía su clítoris a Marcela para que lo estimulara mientras yo la penetraba por su vulva y a la vez resguardaba su ano al mantener sus nalgas apoyadas en mi abdomen.
Marcela, que ya cargaba una gran panza de 7 meses, solo podía ponerse en 4 patas para dar o recibir. Cualquier otra posición hacia que su panzota chocara contra algo. En esa posición Marcela se acerco a la concha de Wanda para jugar con su lengua sobre su clítoris. Para estas mas cómoda, Marcela apoyo sus codos sobre el piso y no sus manos. Yo sentía su barbilla rozar con la parte inferior de mi pija cuando bombeaba el interior de Wanda. Fue por eso que se ocurrió pedirle a Marcela que me chupara también lo que salía de mi pija y mis bolas.
Eso fue como llegar al paraíso, estar cogiéndome a Wanda refregando mi miembro en su vulva por la posición y Marcela pasando sus labios y lengua por mi pija y huevos era fenomenal. Marcela intento ayudar a Wanda a levantar mas aun sus caderas para desplomarse y clavársela hasta el fondo metiendo sus manos entre Wanda y yo, tomándole las nalgas para elevarla. Cuando Wanda se separaba de mi, en el espacio que quedaba entre nosotros podía ver la carita de picarona que ponía Marcela mientras me chupaba la pija y los bordes de los labios vaginales de la concha de Wanda que la abrazaban. Sabía que Marcela estaba tramando algo.
Cuando Wanda comenzó a elevar su placer, un tanto embriagada por la excitación se dejo acomodar por Marcela que la hizo girar para que quedara de frente a mí. Le dijo que nos necesita para frotar su vulva sobre nosotros, así que empujo a Wanda para que se recostara sobre mi pecho. Yo aproveche para darle un beso de lengua muy profundo que ella respondió al instante. Marcela se sentó en la parte baja de la cintura de Wanda apoyando toda su vulva en la piel de ella. Gran parte de la parte baja de la panza descansaba sobre la espalda de Wanda. El contacto era amplio.
Marcela comenzó a friccionar sus labios vaginales en la piel de Wanda, moviéndose hacia delante y atrás. Eso le quitaba movilidad a Wanda que estaba apretada entre Marcela y yo y la obligaba a mover sus caderas en forma circular para lograr algún roce de mi pija en el interior de su vulva. El placer era aun mayor. Marcela se fue corriendo más y más atrás hasta que quedo con su vulva apoyada sobre las nalgas de Wanda, sin dejar de frotarse. La posición no era cómoda por su panza, pero me resulto muy morbosa.
Aunque entre Marcela y Wanda faltaba algún miembro viril que les llenara los agujeros libres de las dos mujeres, la escena era como de una doble penetración a Wanda. Se puso mas intensa cuando Marcela tomo por las caderas a Wanda y comenzó a realizar los mismos movimientos de una supuesta penetración a Wanda, ya no se preocupaba por su vulva, sino mas que nada por empujarla desde atrás.
Como su panza la obliga a estar en una posición poco natural, Marcela se canso rápidamente y cambio su posición quedando otra vez en cuatro patas atrás de Wanda. Marcela se preocupo al principio por juntar los jugos que había dejado sobre la espalda de Wanda. Esto hacia que Wanda emitiera unos sonidos guturales al imaginarse a la viciosa de Marcela tomando sus propios jugos. Además la lengua de Marcela electrizaba la piel de Wanda. Yo mantenía a Wanda también ocupada besándola sin parar, pero cuando me lo permitía la posición de su cabeza miraba el trabajo de Marcela.
Una de las veces que la estaba mirando, Marcela me guiño un ojo y la vi perderse de a poco hacia abajo con la punta de su lengua pegada a la piel de Wanda. Unos segundos después sentí la misma lengua sobre mi pija y huevos nuevamente. Cada tanto desaparecía y volvía a su trabajo sobre mi aparato. Marcela había vuelto a chupar nuestros sexos. Los gemidos de Wanda no cesaban.
En un momento Wanda comenzó como a quejarse, con mis dos manos mantuve su cara pegada a la mía para no cortar el beso que nos estábamos dando y no dejarla escapar. Volví a espiar sobre la cabeza de Wanda y solo se veían los diez dedos de Marcela clavados en las dos nalgas de Wanda separándolas y apenas un pedacito de la parte superior de su rubia cabellera sobresaliendo de la hendidura al medio del culo de Wanda. Obviamente le estaba chupando el culo y metiéndole su lengua en el ano.
Poco a poco los quejidos ahogados de Wanda se volvieron nuevamente gemidos de placer y Marcela volvió a pasar su lengua desde mis huevos, por los labios ensartados de Wanda y por su ano. Cada vez que la lengua rozaba el anillito de Wanda le hacia encorvar su espalda hacia arriba como tratando de huir de la violación oral a su ano. Eso hacia que su concha tirara de mi pija hacia arriba dándome un placer indescriptible.
Tanto placer me llevo a las puertas del orgasmo. Como estaba dándole a Wanda no podía llenarla de leche, así que les avise a las chicas y me salí de abajo de Wanda para irme atrás de Marcela a llenarla de leche. Desde que se había incorporado al trío, ella era el depósito de leche del grupo recibiendo la mayoría de las descargas en su concha y varias en su culo. Mientras sentía mis chorros que mojaban la vulva de Marcela pude ver como ella le chupaba el culo a Wanda frenéticamente.
Wanda ya resignada se dejaba hacer aunque no le cuadraba la idea de dejarse chupar esa parte tan tabú de su cuerpo. Para ayudarla Marcela comenzó a masturbarla con una mano mientras alternaba metiéndole dos o tres dedos de su otra mano en su vagina. Como hacia mucho que no volcaba en la boca de Wanda, me fui hacia su cara, me arrodille frente a ella, la tome de su cabello y le puse mi pija un tanto caída en su boca. Wanda la limpio muy bien de los restos de mi semen y de los jugos de Marcela que arrastraba de su concha.
A pesar de ir perdiendo dureza en mi aparato, me causaba placer sentir la caricia de la boca de Wanda y ver la cara de Marcela perdida entre las nalgas de ella. Podía ver que cada tanto la lengua de Marcela recorría los bordes del ano, otras veces trataba de entrar y salir, otras los cachetes de la cara de Marcela se hundían denotando la succión que le estaban propinado al agujerito trasero.
Eso seguramente le estaba dando algún placer a Wanda porque cada vez intensificaba mas la mamada que le daba a mi pija y ya la estaba volviendo a poner dura. La espalda de Wanda también mostraba la proximidad de su orgasmo subiendo y bajando, probablemente reflejando la entrada y salida de los dedos de Marcela en su concha. Cuando le explotó el orgasmo, la boca de Wanda apretó calidamente mi pija, Marcela extrajo sus dedos del interior de ella, solo seguía acariciando su clítoris para prolongar el placer y su legua viboreaba sobre el ano de Wanda.
Cuando los espasmos de Wanda cesaron, Marcela me mostró los dedos brillosos por los jugos de Wanda, abrió uno de sus cachetes y le metió uno de los dedos. Esto ya lo veníamos haciendo varias veces. Lo nuevo fue que cuando había metido y sacado un par de veces el primer dedo, le comenzó a meter el segundo. La voluntad de Wanda ya había sido quebrada por la salvaje chupada que Marcela le había dado, ya nada podía ser peor. Se dejo sodomizar por esos dos dedos.
Sin sacar la pija de la boca de Wanda use una de mis manos parea ayudar a Marcela a abrir la otra nalga de Wanda para tener una mejor visión de los dedos clavados en ese preciado culito y a la vez para ayudar a dilatar ese diminuto anillito.
Marcela, que nos había demostrado ser una experta cogedora anal, le dijo a Wanda que la notaba tensa, que tenia que relajar todos sus músculos, incluso los de sus caderas y ano, le indico que hiciera un esfuerzo y movimiento similar al que hacia cuando iba de cuerpo cuando ella se lo indicara. Comenzó a hundir los dos dedos y le pidió que hiciera esa fuerza. Los dedos de Marcela entraron más fácilmente. Al sacarlos le decía que sintiera esa sensación de vacío que le dejaba. Cada nueva entrada de los dedos se hacia mas profunda y cada extracción mas rápida.
Yo acompañaba con el mismo ritmo y movimientos, así Wanda en un momento estaba con mi pija casi en su garganta y los dedos de Marcela empujando bien adentro y en otro momento estaba solo con el capullo de mi pija en sus labio y los dedos casi afuera. La cara de Wanda ya mostraba signos de calentura y morbo, una de sus manos fue a masturbar su concha con rápidos movimientos sobre su clítoris queriéndole dar un orgasmo rápido e intenso.
Marcela saco los dedos del culo de Wanda todavía lustrosos y brillantes de tanto roce con las carnes interiores. Marcela renovó el lubricante, poniéndole mucha de su saliva. Con las nalgas todavía abiertas por Marcela y por mi, los dos dedos de introdujeron sin oposición hasta el fondo. El resto de la mano de Marcela hundían los alrededores del culo. Ahora Marcela sacaba los dedos y los alejaba unos 10 centímetros para volverlos a meter sin reparos. Yo la acompañaba metiendo mi pija en la boca de Wanda hasta chocar mi abdomen contra su cara.
Marcela le dejo los dedos adentro y le dijo que ahora si la notaba mas relajada, mas abierta. El morbo que me producía esa embarazada con su panza hinchada y sus grandes tetas colgando, dilatando el orto de Wanda y dándole consejos como una experta era indescriptible. Marcela le decía que eso lo había aprendido de sus relaciones anteriores y del curso preparto que le estaban dando. Me imagine a Marcela como una enfermera que estaba tratando de sacarle algo del interior a Wanda, casi como si la estuviera dilatando para parir por el culo.
Marcela comenzó a girar los dedos para abrir todo la circunferencia del ano de Wanda que comenzaba a ponerse mas rojo por la irritación. Wanda gemía ahora de placer de nuevo. Uso su otra mano para meter un dedo de cada uno, previa lubricación con su saliva del nuevo invasor anal. Yo reemplace la mano de Marcela abriendo ahora las dos nalgas de Wanda. Aprovechaba este amarre para hacer mas profundas mis estocadas en la boca de ella.
Con los dos dedos adentro, Marcela comenzó a separarlos levemente y pudo abrir el ojete de Wanda hasta que sus dedos se separaron un centímetro. Los soltaba y veíamos como se cerraba despacito el casi virginal culito. Volvía a meter los dos dedos ensanchándolos en otra dirección y repetía la liberación. En una de las aberturas, soltó un chorrito de saliva en el interior de ese culo abierto acercando su cara a unos 10 centímetros del hueco. Los intestinos de Wanda seguro agradecieron el calido líquido.
Pocos momentos después Wanda alcanzo su nuevo orgasmo por la intensa masturbación que se estaba propinando y apretó los dedos de Marcela en su culo y mi pija con su boca en sus convulsiones. Eso me hizo soltar la leche sin remedio impactando directamente en la garganta de Wanda. Marcela sin sacar los dedos viboreo con su lengua los bordes del ano enrojecido.
Wanda cayó vencida por el agotamiento, dos orgasmos y una buena chupada de abertura de culo la habían dejado exhausta. A todo esto Marcela nos recordó que la única que no había tenido orgasmos era ella. Yo me acerque para acariciarla tiernamente y besarla. Su panza estaba dura y tersa y sus tetas hirviendo, trabajé todo lo que pude en sus pezones y le chupe un poco su abultada concha de futura mama, pero ya me quedaba sin fuerzas y no podía ni pensar en penetrarla.
Volví hasta su oído y le propuse chuparla entre los dos, entre Wanda y yo. Ella me contesto que quería que Wanda le devolviera la comida de culo, que deseaba una lengua en su colita. Le dije a Marcela que íbamos a tener que forzarla a Wanda ya que ella no le gustaba chupar el culo a nadie. Marcela me recordó que antes tampoco le gustaba ni ver a nosotros hacerlo y esa noche se había dejarlo hacer, así que podía dar un paso mas.
Volteamos a Wanda boca arriba. Marcela me pidió que la ayudara a mantener la posición. Se paro encima de la cara de Wanda de frente a su cara. Wanda abrió los ojos y se encontró con la panza redonda cubriendo su campo visual, coronada por la monumental concha de Marcela. Marcela comenzó a bajar flexionando las rodillas hasta que sintió la cara de Wanda tocar su piel, yo la ayude teniendo sus brazos. Marcela le dijo a Wanda que tenía que DEVOLVERLE un orgasmo. Wanda comenzó a pasar la lengua por la concha de Marcela que recibió la lamida con placer, tirando su cabeza hacia atrás.
Tan deseosa de un orgasmo estaba que Marcela comenzó a moverse adelante y atrás hasta que logro llevar la boca de Wanda a su culo. Al principio la boca de Wanda se resistió, pero hábilmente Marcela bajo mas sus caderas para apresarla. Esa posición ayudo a abrir un poco la cola de muestra dulce embarazada y Wanda resignada beso el ojete de Marcela.
Marcela le suplico que se lo lamiera, Wanda solo obedeció. Acerque dos sillas a las manos de Marcela para que se pudiera mantener en esa posición. Cuando me aleje un poco pode ver una escena parecida a la de un parto de pie, donde Marcela la parturienta estaba a punto de alumbrar hincada sobre la cara de Wanda que como una perrita obediente chupaba y lamía el orto de la futura mama. Marcela tomada de las sillas meciéndose hacia delante y atrás parecía estar haciendo fuerzas para expulsar la bebe. En realidad estaba forzando a Wanda a lamer su culo.
Como su concha últimamente se mostraba muy abultada también ayudaba a la escena pareciendo estar a punto de expulsar algo grande. No resistí y me las ingenie para llegar a chupársela. Mi saliva y los jugos de Marcela bajaban por su rayita hasta llegar a su ano y boca de Wanda quien no se resistía ya a nada. No demoramos mucho en darle un orgasmo intenso a Marcela.
Cuando terminamos, Marcela y yo tomamos algunas bebidas de la heladera del directorio, comimos algunas masitas para reponer fuerzas y nos comenzamos a vestir. Cuando terminamos, Wanda todavía estaba tirada en la alfombra rendida. La ayudamos a incorporarse y vestirse. Marcela me pidió que le pusiera la ropa sin cubrirle su culo.
Así lo hice, la vestimos toda, dejando su falda y bombacha debajo de sus nalgas. Marcela se puso atrás de ella pero de costado porque su panza le impedía otra posición y le dijo al oído que ahora ya estaba abierta de atrás y que había aprendido a gozar sin dolor. El próximo paso seria dilatarla como para que pudiera recibir una pija en su culo. Marcela le aseguro que desde el día que le dieran una buena enculada le iba a cambiar su vida, pero en eso se los cuento en el próximo relato.
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