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Estando embarazada se atrevió a mas... (II)

Estando embarazada se atrevió a mas... (II)

Tres días después de nuestro encuentro en el bar con Marcela, nuestra compañera embarazada de 6 meses, a Wanda y a mi nos puso muy contentos al verla llegar al turno noche. Marcela puso carita de picarona inocente nos saludo y nos dijo que se iba para su área. En ese momento nos empezamos a mandar mails con Wanda para organizar esa primera noche en el trabajo gozando los tres.
A eso de las 19:30 nos llego un mail de Marcela diciéndonos que en su sector ya no quedaba nadie y que ella tenia llave del piso para asegurarnos de que nadie nos viera. No dio una frase clave para llamarla al llegar.
Tomamos el ascensor impacientes con Wanda y nos fuimos al 6 piso. Mientras subíamos nos dimos cuenta que en ese piso estaba el directorio. Claro Marcela debía ser una de las secretarias ejecutivas. De ahí se explicaba la belleza de esta mujer, seguro la habían buscado después de un casting muy severo, eligiendo a las más elegantes. Marcela es una mujer de 35 años, rubia natural (lo pudimos constatar en su entrepierna), un cuerpo como de una mocosa de 25, delgada a pesar de su avanzado estado de embarazo, todavía se le notaba la cintura desde atrás. Solo de adelante se apreciaba su embarazo por su panza redonda y sus tetas crecidas. Su piel era muy suave y tersa, sus piernas parecían torneadas, su cara era preciosa, con unos ojitos claros y flequillo prolijo.

Llegamos al sexto, nos acercamos a la puerta de entrada al piso, dijimos la frase clave y de adentro se escucho: “Vienen solos?”. Wanda picarona le respondió: “NO tonta venimos con el equipo de fútbol de la selección nacional, ABRI LA PUERTA!”. Abrió un poquito la puerta y asomo un solo ojo. Impaciente Wanda empujo la puerta y se metió. Sorpresa fue la nuestra al ver a Marcela completamente desnuda, calzada solamente con sus tacos altos. Se apresuro a cerrar la puerta de nuevo con llave. Mientras lo hacia yo la miraba de atrás, observando ese apetecible cuerpo, la cola redondita y parada, los muslos perfectos, la espalda desnuda. Al terminar nos tomo a cada uno de una mano y nos llevo presurosos al interior del área, apagando las luces de la entrada al piso a medida que nos internábamos.

Legamos hasta la sala del directorio, con una mesa ovalada grande, luces regulables, un inmenso televisor para videoconferencias, una vitrina con vasos y bebidas, una repisa con galletas y masas dulces. Dejando todo el piso a oscuras, solamente la luz de su escritorio prendida, cerró las puertas del salón también con llave. Yo le pregunte si nos estaba secuestrando o que pasaba. Un tanto agitada Marcela nos dijo que no quería problemas con ningún intruso. Wanda le dijo que estaba muy salvaje recibiéndonos así desnuda. Mientras comenzaba a acariciarle todo el cuerpo rodeándola. Nos explico que ya hacia un buen rato que estaba preparándose y se había estado estimulando el clítoris con sus dedos. Después de mandarnos el mail, se desnudo, y preparo el lugar.

Yo ya me había acercado también a ella y con Wanda girábamos tocándola. Que hermoso acariciar su panza hinchada, alcanzar su concha superando la inmensidad de su vientre. Ella continuaba contándonos los preparativos que ya nadie escuchaba gozando con las caricias que le dábamos. Ladeaba su cabeza, cuando alguno se acercaba a su cuello para besarla. En un momento después de besar su nuca levantándole el cabello, me tope con Wanda que se había detenido a mamar sus grandes tetas, tomándolas con ambas manos para tratar de metérselas toda adentro de la boca, tarea imposible por el tamaño que tenían. Wanda había soltado sus tetas de su camisa y corpiño y las refregaba sobre la panza redonda.
Yo le di un tremendo beso de lengua a Marcela un tanto desde atrás, lo que la obligaba a girar su cabeza para atrás estirando su cuello para recibir el beso en toda su boca. Con una mano sobaba sus turgentes nalgas llegando desde atrás a tantear sus carnosos labios vaginales. Ella colaboraba abriendo sus piernas apuntando la punta de los pies hacia adentro. También alternaba acariciando su panza que tanto me gustaba chocando con las tetas de Wanda que se apretaban contra la panza.

El calor del cuerpo de Marcela ya me había excitado, así que me separe un poco para desnudarme, mirando a esas dos golosas. Cuando ya estaba desnudo, fui a desnudar a Wanda quien colaboro sin dejar de mamar esas dos grandes tetas. Paso sus manos para atrás un rato para que le quitara la camisa y el corpiño, levanto sus piernas cuando le quite la falda y la tanga. Estando atrás de ella no resistí fijar mi mirada al final de la raya de su culo, donde luchaba por escapar de sus generosos muslos una rosada concha pulposa. Me agache y comencé a chupársela desde atrás. Ella agradecida separo sus piernas para darme lugar. Al tener una lengua en su sexo se despertó su sed de conchas. Wanda se incorporo y le pidió a Marcela que se acomodara para que ella se la pudiera chupar también. Marcel se fue hasta uno de los grandes y confortables sillones de la mesa del directorio, lo giro, se sentó, lo reclino un poco, paso ambas piernas por encima de los posabrazos y nos ofreció todo su sexo abriendo sus labio con dos dedos. Le pidió a Wanda que se la chupara toda. Ella hundió su cabeza entre las piernas de Marcela dejándome nuevamente su sexo para yo se lo siguiera chupando.
Después de un rato Wanda exploto en un orgasmo y se alejo un poco dejando abierta a Marcela. Ocupe su lugar chupándole la deliciosa concha llena de jugos de Marcela y saliva de Wanda. Alternaba besando su panza y sus tetas. No falto mucho para que ella también explotara en un orgasmo. El único que faltaba era yo que ya tenia la pija y los huevos doloridos de la calentura, pero prefería alargar la situación para no quedarme sin cartuchos antes de tiempo.
Quise seguir chupando a Marcela, pero no resistía mi lengua en su sensible concha atacada por el orgasmo. Se me ocurrió buscar otra zona para chuparle, solo me quedaba bajar a su apretadito ano. Podía no gustarle, pero no perdía nada con probar. Metí mi lengua en la raya de su culo y empuje hasta sentir la suavidad de su anillito trasero. Un suspiro salio de su boca y sus dos manos se deslizaron por atrás de ella, tomándose las nalgas para separarlas. Al mismo tiempo se acerco más al borde de la silla para facilitar la llegada a su ano. Había visto eso en Internet y me parecía asqueroso, pero su colita no tenía feo sabor, en ella todo era hermoso y dulce.

Cuando Wanda nos vio, nos pregunto que hacíamos, que éramos unos asquerosos. Marcela gozando le respondió que el ano tenia tanta o mas sensibilidad que otras partes del cuerpo. Wanda dijo que todos los hombres eran iguales que siempre querían el culo, con lo que eso dolía. Marcela le contó que si sabían hacérselo bien, no tenía porque dolerle, que podía hasta ser más placentero. Wanda volvió a decir que no podía ser, que cada parte del cuerpo tenía su función y el culo no era para coger.
Marcela le pregunto si lo había hecho alguna vez y Wanda le dijo que sus novios siempre insistían con eso, pero que ella nunca lo daba, solo un par de veces la habían traicionado metiéndosela de prepo. Marcela le dijo que por eso no había disfrutado, porque la habían forzado, casi como una violación anal. Marcela comenzó a masturbar su clítoris que se asomo hinchado entre sus labios carnosos.
Marcela le dijo que al igual que toda relación sexual, debía tener un poco (o mucho) juego previo para predisponer a ambos al coito. Le puso como ejemplo lo que le estaba haciendo yo en su ano que le estaba dando mucho gusto mas lo que ella misma se estaba haciendo. Me pidió que le lubricara mucho su ano con saliva, obedecí al instante. Le pidió a Wanda que se acercara y mirara de cerca. También ella obedeció.
Me pidió que le metiera un dedo bien mojado con saliva. Lo hice y su ano se abrió mágicamente, se notaba que estaba acostumbrada. Ella apuro el ritmo de su masturbación hasta que me pidió que se lo saque. Le pregunto a Wanda si lo quería meter ella ahora. Le dijo que no, que era una asquerosidad meterle un dedo. Me pidió que le metiera dos dedos, uno de cada mano. Lo hice y note como ella relajaba sus músculos ayudando la introducción.
Me pidió que separara los dedos despacio pero constantemente, era impresionante como se abrían sus carnes. Me pidió que no la soltara. Se incorporo y cambio de posición apoyando sus tetas en la mesa, dejando su cuerpo en ángulo recto con el culo bien parado. Volvió a separa con sus manos las nalgas y me volvió a pedir que la abriera. Esta vez cedro más, ya hasta podía ver un poquito de su interior. Me dijo que le pusiera mucha saliva adentro. Le solté todo lo que pude. Me excitaba tanto tener su culo abierto como pensar que Wanda se lo podría estar chupando también si no fuera tan prejuiciosa. Invente un argumento de haberme quedado sin saliva para pedirle a Wanda un poco de la suya.
Volvió a decir que ni loca metía la boca en el culo de alguien. Le dije que tal vez solo podía soltarla un poco mas arriba y dejarla caer en el hueco. Marcela con total cara de depravación le pidió por favor que lo hiciera, que se necesitaba todo el lubricante posible. La extorsiono diciéndole que al final nosotros le habíamos cambiado su vida y Wanda no podía propinarle unas gotas de saliva. De mala gana Wanda se aproximo y dejo caer saliva, yo tuve que mover el agujero de Marcela para atrapar el hilo de saliva desde la boca de Wanda. Marcela parecía sentir con su ano el gusto de la saliva de Wanda, porque puso mas cara de excitada y se mordió el labio. La curiosidad atrapo a Wanda e hizo que se quedara un poco mirando por ese hueco. Dijo sin pensarlo: “Se puede ver para adentro, eso es imposible”. Marcela murmuro, que muchas cosas imposibles se podía hacer o forzar en posibles.
Me pidió que girara las dedos para acostumbrar a su culo y dejarlo dilatado. Cumplí con el pedido y comencé a friccionarla haciendo círculos, presionado contra las paredes de su recto. El sonido de la saliva chasqueaba adentro con mis dedos y se mezclaba con los suspiros de Marcela. Wanda observaba desde donde había soltado la saliva a unos 30 centímetros más arriba del culo de Marcela.

En su postura sumisa, Marcela le ordeno a Wanda buscar en una de las vitrinas una especie de candelabro con velas de vidrio que terminaban en una lamparita diminuta. Le pidió que lo enchufara y lo prendiera para calentar la lamparita encendida. Ambos pusimos cara de sorprendido, pensábamos que Marcela quería meterse eso encendido. Yo continué con mi trabajo friccionado el ano ya bastante dilatado. Después de 5 minutos. Marcela le pidió a Wanda que desenchufe el candelabro, que quitara tres de las velas de vidrio y que al traerlas las ensalivara todo lo posible. Le aconsejo que usara su vulva para sentir el calorcito producido par la lamparita y de paso humedecer las velas.

Cada una tenía unos 2 centímetros de diámetro en la base y un centímetro en la punta donde la lamparita simulaba la llama de la vela, teñían unas rayas que bajaban girando. Wanda llego con las tres velas al lado nuestro y le echo saliva a una de ellas. Al darse cuenta que el calor era suave probó de meterse una en su concha tal como le había pedido Marcela. Debe haber sido muy placentera porque depositando la ensalivada sobre la espalda de Marcela le metió la tercera en la concha de Marcela para tener las tres lubricadas.
Marcela dio un respingo con su cuerpo al estar ensartada por delante con una vela mientas yo trabajaba aun con su culo. Después de unos minutos en los que la escena se componía de una mujer que se estaba metiendo una vela en su concha (Wanda) mientras metía otra en otra concha (de Marcela) y u tipo le abría el culo a la misma mujer (yo en esta caso), Marcela pidió que le fuéramos metiendo de una las velas en su culo. Casi le ordeno a Wanda empezar con la de su concha. Marcela tiro con más fuerza de sus nalgas para evitar que su ano se cerrara al quitar yo mis dedos.

La primera vela mojada por sus jugos vaginales entro casi sin tocar las paredes. Wanda lo hacia muy despacio por el miedo que ella misma tenia a los dolores que ella había sufrido en su pasado. Al llegar a la mitad (unos 15 centímetros de profundidad) Marcela me pidió que le metiera la que descansaba sobre su espalda. Cuando la agarre note que el vidrio tenia un acabado que lo hacia muy suave. Recién esta segunda vela lleno el culo de Marcela.
Ahí le pidió de nuevo a Wanda que sacara la tercera vela con la que ella se estaba masturbando y se la metiera haciéndose lugar. Como inoptizada Wanda obedeció. Al sentir la punta aun tibia de la lamparita de la vela en su sensible ano dilatado, Marcela estiro mas sus lagas con su manos e hizo unos movimientos con sus caderas. Volvió a poner las puntas de sus pies apuntando hacia adentro para abrirse de esta forma mas de atrás. Comencé a entender esta postura de Marcela. Con todas esas maniobras favoreció la penetración de la tercera vela, lenta pero firmemente. Wanda la empujaba mientras yo mantenía las otras dos en su lugar para que entraran mas de lo debido.

Cuando estuvieron las tres a la misma altura (unos 15 centímetros adentro del intestino de Marcela), nos pidió que la dejáramos unos segundos para acostumbrase al improvisado consolador anal. Yo podía ver como las tres velas dispuestas como en triangulo dejaban su antes redondito y apretado ano formando esa misma figura y bien abierto. Cuando su cuerpo se acostumbro, nos pidió que pusiéramos toda la saliva que tuviéramos en la las velas. Yo lo hice rozando su rosado anillo, mientras que Wanda lo hizo desde más arriba aprovechando para degustar los jugos de las dos velas que habían estado en sus conchas mientras los reemplazaba por abundante saliva. Ya la notaba mas tentada por la nueva experiencia que al principio.

Cuando nos cansamos de salivar el vidrio, nos corrimos un poco hacia atrás. Marcela soltó sus nalgas, que rápidamente abrazaron las tres velas. Otros 5 centímetros desaparecieron ahora entre la voluptuosidad de sus nalgas. Levanto un poco su torso quedando levemente arqueada, ahora sus piernas apretaban para no dejar escapar las velas. Con cara de total depravación le dijo a Wanda: “Me has visto sufrir en algún momento?” y se puso la mano sobre las tres velas que salían de su culo. Realmente era un espectáculo abrumador, esa mujer hermosa, con su gran panza y tetonas colgando, los pezones a punto de explotar, su culo redondo clavado por tres velas. Digno de la más perversa película porno. Como no decíamos nada Marcela nos recordó que en los últimos 5 meses se las había tenido que ingeniar solita sin un hombre que la clavara. Hasta su lenguaje era excitante casi rayando en lo sucio sin llegar a lo vulgar.

Wanda sorprendida le pregunto si ya se había metido antes esas velas en su culo. Marcela la calmo diciéndole, que solo las había usado en su concha (obviamente mas elástica) algunas veces en el baño cuando se las había podido robar por un ratito en el horario de almuerzo cuando se quedaba sola sin los gerentes. Era la primera vez que se metía tantas juntas y mas aun en su culo. Que solo la había echo para demostrarle a ella que se podía hacer sin dolor y con placer.
Con toda su mano tomo la parte mas alejada de las velas y dijo mirando a Wanda: “Te voy a mostrar como se puede gozar mas aun”. Apoyo la otra mano en la mesa del directorio, volvió a bajar su cuerpo un poco hasta cuando sintió cómoda las velas en su interior, tiro la cabeza hacia atrás y comenzó tensando los músculos de su culo para expulsar las velas sin sacarlas por completo. Más de 20 centímetros quedaban afuera. Empujo firmemente y volvió a meterse las velas hasta la misma posición inicial. Repitió esta rutina muy lentamente. Cuando su excitación se apodero de ella comenzó a hacerlo mas rápido, fuerte y en cada arremetida mas profundo. Las últimas veces solo quedaba afuera su mano empuñando las velas, el resto se perdía entre sus nalgas e intestino. Para tal penetración, su cuerpo se levantaba ya que desde adentro el consolador lo enderezaba al abrirse paso en su interior.

Wanda no salía de su asombro y ya había comenzado a calentarse, porque se masturbaba con esa escena. Marcela al ver la reacción, alejo las velas una vez más sin sacarlas de su culo y le ofreció a Wanda el control del improvisado consolador. Le pidió por favor que ya sus fuerzas le estaban fallando. Wanda un poco por compasión un poco por calentura tomo las velas como pudo y torpemente quiso metérselas. Las velas se desordenaron y hasta casi se desbaratan. Marcela las volvió a acomodar y ayudo a Wanda en las primeras metidas y sacadas, marcándole el ritmo y la profundidad de entrada y salida. Cuando ya estuvo entrenada, la dejo sola y se recostó sobre sus codos en la mesa dejándose hacer. Cada tanto pedía mas rápido o despacio, mas profundo o menos. Wanda solo obedecía.

Para llegar a un orgasmo Marcela le pidió a Wanda que usara la otra mano para apoyarse mejor y lograr una penetración mas firme en su abdomen. Wanda lo hizo poniéndose ahora a su lado. Al quedar la vulva de Wanda al alcance de la mano de Marcela no se demoro en toquetear su concha para continuar con la masturbación que momentos antes había empezado la misma Wanda. Agradecida Wanda por el placer recibido, bajo también su mano del vientre de Marcela hasta su concha para devolverle la masturbación.
Marcela exclamo: “Así, así chiquita, dale placer a esta pobre reventada que le estas destrozando el culo” el ritmo de la masturbación mutua marco también el ritmo de las embestidas anales que Wanda le estaba dando a Marcela. Lejos de ser doloroso Marcela demostraba mas placer cuanto mas fuerte la invadían y respondió con un mayor ritmo hacia Wanda. El circulo se hacia interminable.

Mi calentura llego al máximo, me fui atrás de Wanda, que no ceso en su doble tarea, la incline un poco y me hice lugar entre los dedos de Marcela para cogerla por su vulva. El calor y humedad de su interior mostraban la excitación que estas dos mujeres habían alcanzado. Me sentía en el paraíso ahí adentro, mas viendo desde arriba esa ensartada anal que le estábamos dando a esa embarazada calentona y pervertida con su panzota y tetas colgando en el vació. Mi ritmo dentro de Wanda se unió al de ellas. La masturbación de Marcela a la concha ahora cogida por mi pija de Wanda me hacia sentir el doble de placer.

Marcela alcanzo el orgasmo primero tirándose sobre la mesa, gritando como una verdadera puta, quede yo solo dándole a la concha de Wanda, que seguía mas pausadamente sus embestidas contra el culo de Marcela y cada vez menos profundo, hasta que se las saco y soltó sobre una silla. Ahora Wanda recostada sobre la espalda de Marcela se dedicaba a disfrutar mi pija en su vulva. Yo metí mis dedos en el ano de Marcela y lo note todavía dilatado. El trabajo de las velas había dejado su huella en su colita. Sentir su carne tan abierta me hizo olvidar del mundo y de Wanda. La abandone y me fui atrás de Marcela para encularla antes de que se le cerrara.

Solo tuve que apoyar mi pija mojada por los jugos de Wanda en su entrada para que se perdiera en el interior de Marcela. Que caliente y resbaladizo que estaba su culo. Wanda un tanto enojada dijo: “Que pasa? Me dejan sola y a medias sin llegar?”. Marcela comprendió, me dejo por un momento y llevo a Wanda a una silla. Marcela caminaba con cierta dificultad. La sentó, le abrió las piernas poniendo cada una sobre el posabrazos, se arrodillo frente a ella y comenzó a chuparle la concha mientras le decía: “Esto es para devolverte la cogida anal que me diste” y hundió su cabeza entre las piernas de Wanda propinándole un placer indescriptible por la cara que puso Wanda.

Marcela en cuatro patas como una perra comiendo de la concha de Wanda, cacheteo su nalga con una de sus manos para indicarme que siguiera con mi tarea de encularla, también separo su nalga, mostrando un culito ahora bastante flagelado. No aguante mas y se la metí sin reparos tomándola de los costados de su panza que colgaba. Cada embestida hacia a su panzota ir y venir mientras yo trataba de contenerla. Marcela gemía ahogada por la concha de Wanda, Wanda resoplaba y gemía también porque quería llegar finalmente a su merecido orgasmo, yo casi gritaba empalando a la embarazada, realmente era una escena de mayor contenido porno erótico que cualquier película.

Lo máximo llego cuando Marcela metió un dedo en la concha de Wanda para lubricarlo y lo comenzó a meter lentamente en el ano de Wanda si que ella se percatara de la intromisión presa de la excitación de la mamada de Marcela. Cuando el dedo estuvo ágil y silenciosamente introducido en el culo de Wanda, Marcela paro con su mamada, para hacerle notar la invasión a Wanda. Al principio se resistió un poco, pero Marcela la contenía presionado su abdomen para abajo, mientras que por debajo empujaba su dedo cada vez mas adentro. Su mano ya no podía avanzar por las nalgas de Wanda. Marcela le ordeno relajarse y gozar y volvió a su tarea de mamarle la concha ahora con más vehemencia rozando su clítoris de un lado para otro con su lengua en un rápido movimiento de cabeza mientras comenzó un mete y saca de su dedo en el ano de Wanda.

Ante esta nueva variante no pude resistir y lleno las tripas de Marcela con mi leche. Marcela se lo hizo saber a Wanda diciéndole que le estaba llenando el culo de leche y apurando el mete y saca de su culo. Ahora la masturbaba con su otra mano libre. Yo me quede adentro de Marcela sintiendo mi pija lentamente decrecer. Antes de perder el contacto. Wanda llego a un orgasmo ruidoso que la hizo revolcar en la silla. Marcela le clavo el dedo lo mas profundo que podía, levantando las caderas de Wanda en el intento. Wanda en su agitación con la voz entrecortada nos confeso que fue el orgasmo mas intenso de su vida. Marcela le explico que seguramente fue por el doble placer y morbo de su vagina y culo.

Le prometió a Wanda enseñarle a coger por el culo disfrutando como había echo esa noche ella. Wanda se cubrió diciendo que nunca la iba a poder alcanzar a una maestra como ella. Marcela le dijo que iba a aprender muy rápido motivada por el deseo y el morbo, pero eso se los cuento en otro relato.
Después de semejante actividad los tres comimos unas galletitas y tomamos algunas bebidas para reponernos. Marcela desnuda, sudando y chorreando semen de su culo todavía abierto nos comento que siempre debían mantener comida y bebidas en el directorio para las reuniones, así que podíamos repetir esos encuentros en ese lugar cómodo y aprovisionado. Era una ventaja tener una amiga en ese sector, más aun tan puta y pervertida como la embarazada Marcela.



Enviado por ZeroG a las 01:48:22 el 03/05/2007 | Embarazadas |