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La niña (un cuerpo para el pecado)

La niña (un cuerpo para el pecado)

La historia que les voy a contar sucedió cuando tenia 23 años, y estaba finalizando mis estudios de arquitectura. Y bueno para ir a mi universidad tenía que tomar un bus que pasaba a unas cinco cuadras de mi casa, así que todos los días tenia que caminar hasta ese paradero.

Una noche regresaba a casa cansado luego de dar un examen, era de noche, estaba un poco soñoliento (casi me duermo en el carro). Las calles tenían poca iluminación, pero había una librería que estaba abierta, y la luz de esta tienda iluminaba la acera, me encontraba sumido en mis pensamientos, cuando de pronto, a través de esa luz se dibuja una silueta femenina, a lo lejos aprecié unas curvas que me sacaron de mi abstracción, me pareció que estaba soñando, pero a cada paso me acercaba mas a descubrir si era real o no lo que estaba viendo. Si se trataba de una mujer, pero lo mas curioso, mejor dicho lo que mas me llamó la atención, lo que me saco de mi letargo, fue el fenomenal trasero que se dibujó entre las sombras, me dejó cautivado, era firme, redondeado, atlético, encerrado por una malla deportiva color negro que iba de su cintura a sus rodillas.

Luego mi vista, ahora despierta ante tal revelación, fue bajando y note que también poseía unas magnificas piernas, unos muslos y pantorrillas bien formados, seguro ira al gimnasio, me dije. Sus pechos por el contrario eran pequeños, como los de una niña (en unos instantes sabría porque), pero no me importo el tamaño de sus senos porque ese jugoso trasero recompensaba cualquier otra cosa.

No dejé de mirarla y cuando estuve a menos de dos metros de esta colosal figura, ella volteó la cara, se habrá dado cuenta que la estoy mirando, pensé. Mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que semejante cuerpo pertenecía a una niña de unos 14 años, tenia un rostro infantil, tenia los ojos verdes, su piel era blanca, sus mejillas eran rosadas, su cabello lacio y castaño le llegaba hasta el hombro. Al ver mi cara sorprendida esbozó una tímida sonrisa, yo pasé de largo sin decir nada, casi arrepentido de todo lo que había pensado en hacerle a esa pobre chica. Como puede ser posible que una niña tenga ese tremendo trasero, me repetía una y otra mientras llegaba a casa, no podía creerlo, que diablos le darán de comer.

Esa noche no pude dormir recordando su cuerpo, y en los días siguientes me asaltó su recuerdo varias veces, y yo trataba de reprimirlo, es una niña por Dios, olvídala, me decía mi conciencia, claro que el destino no me ayudaría. La semana siguiente regresando esta vez mas temprano, a eso de las tres, reconocí nuevamente esa figura, ahora llevaba un short pequeño, que no lograba disimilar sus curvas, y un polito corto. Calcule que media 1.60m , estaba acompañada por una señora guapa, seria su madre, bueno a alguien tenia que salir la niña. La señora (al contrario de su hija) usaba ropa conservadora, y yo no se como permitía que esa muchacha saliera vestida así, no le había visto el cuerpo que tiene... pasaron por mi lado, me volvió a sonreír como si me conociera.

Llegue rápido a mi casa y me di una masturbada como hace tiempo no lo hacia, terminé cansado, había logrado desfogar algo de mi deseo reprimido.
Durante la cena mi madre me comento que había conocido a una simpática señora en el mercado, su hija que aún estaba en el colegio tenia dificultad con las matemáticas, mi madre le contó de mi y le dijo que si quería yo le podía dar clases. Al principio no me gustó la forma en que mi madre me ofreció ante esa señora, prácticamente no podía rehusarme. Pero bueno, ya antes le había enseñado matemáticas a unas primitas, así que no tendría dificultad, por otro lado si le caía bien a la señora tal vez me llamaría mas seguido, y mis servicios podrían ser recompensados económicamente... y Dios sabe que a un universitario un poco de dinero extra nunca le cae mal.

Al día siguiente en la tarde fuimos a la casa de la señora, quedaba en la misma recta por la que yo transitaba todos los días para ir a la universidad, su casa quedaba cerca a la librería donde había visto a esa niña-mujer. Cuando la señora nos abrió la puerta su rostro me pareció familiar, entramos a su sala y estuvimos conversando un rato, escuche un ruido en la escalera, hasta que por fin bajó la muchachita que necesitaba de mi ayuda.
—Cinthya ven para acá, llamo su madre, hija te presento a Adrián, él te va ayudar con tus tareas, va a ser tu profesor.
Giré la cabeza en dirección de la escalera, pense que estaba alucinando, que tenia una visión... no podía creerlo era la niña cuya silueta me había vuelto loco, es el destino, me dije, o debe ser una prueba para que yo haga lo correcto. Llevaba una blusa roja y unos pantalones vaqueros apretados, no se como esa tela podía contener semejante rabo sin rasgarse.

Al verme se le iluminó la cara y sus labios dibujaron una alegre sonrisa.
—Hola, me dijo con su dulce voz.

Se me acercó y me dio un beso en la mejilla, un cálido beso que en parte rozó mis labios, yo me quedé mudo un instante, aun sorprendido de verla, salí de mi trance y me sonrojé un poco, trate de disimular, ella se sentó frente a mi y no me quitaba la vista de encima, yo me sentía algo incomodo, acalorado. Su mirada se paseaba por todo mi cuerpo, se daba cuenta que me ponía nervioso, pero al parecer era un aliciente para ella, y no dejaba de mirarme con esa sonrisa entre curiosa y coqueta. Yo soy alto (1.80m), delgado, algo musculoso, había estado haciendo ejercicios últimamente para intentar sacarme a esa niña de la mente y ahora la tenia frente a mi. Me enteré que tenía 14 años y que era hija única, debe ser una niña mimada, caprichosa, pensé, de esas que están acostumbradas a obtener todo lo que desean.

La miré, sus claros ojos verdes le brillaban, parecía fascinada con mi presencia, o tal vez estaba fascinada como lo hacen las niñas al percibir, al darse cuenta que causan algún efecto en el sexo opuesto.

Ya no sabia de que estaban hablando las señoras, lo cierto es que al poco rato mi madre se retiró, y me dejó a merced de esa pequeña fiera.
Subimos a su cuarto, era una habitación típica de una adolescente, con afiches de cantantes pegados a las paredes, muñecos de peluche, algunas muñecas. Nos sentamos en su cama y jaló una mesa donde hacia sus tareas... le expliqué lo mejor que pude lo que sabia, ella estaba a mi lado y sentía como buscaba constantemente el contacto físico con mi cuerpo, sus pequeños pechos contra mi brazo, sus caderas rozaban mis muslos, trataba de disimular la calentura que su cuerpo me provocaba, no se como pero resistí, termine de enseñarle y me despedí, ella me dio otro beso casi en los labios, mi pene estuvo a punto de pararse, así que me fuí casi huyendo de esa casa, al llegar a la mía me di una ducha fría que de poco me sirvió.
Las siguientes semanas continué dándole clases, ella usaba ropa mas corta, entramos un poco mas en confianza, pero ella se daba cuenta de que su presencia, sobre todo su físico, me sacaban de cuadro a veces, eso alimentaba su joven y aún inocente coquetería, al menos eso creía yo.
No puede ser que una niña me ponga de cabeza tan fácilmente, me dije, así que decidí seguirle el juego, yo también buscaría el contacto físico, trataría de acostumbrarme a ella, volverme inmune a sus encantos, tarea difícil, pero logré controlarme mejor, ya no me enrojecía, ni me acaloraba, no tenía tantos amagos de erecciones al sentir el roce de su cuerpo. Al parecer ella se dio cuenta que sus tímidos coqueteos, ya no surtían efecto en mí, así que decidió dar un paso mas en su pequeño e inocente juego de seducción.

En una ocasión que nos vimos se puso un falda corta y suelta que dejaba ver sus blancas piernas, yo la miraba de reojo, al final de la clase antes de despedirnos, me dijo:
—Mira que descuidada que soy se me cayó un lápiz y no lo recogí.

Efectivamente había un lápiz frente a nosotros, en el suelo, cerca a la mesa, ella me dio la espalda se dirigió al lápiz, e inclinó completamente su tronco hacia adelante para recogerlo, me quede atónito, con mi mirada recorrí de abajo hacia arriba sus bien formadas piernas; sus pantorrillas carnosas, sus muslos firmes, la pequeña falda se había levantado un poco y dejándome ver algo de su pequeña braguita blanca y sobre todo parte de sus nalgas, estas no eran enormes, pero eran mas grandes y mejor formadas de lo normal sobre todo para una chica de su edad, muchas chicas de 20 años quisieran tener unas así.

Se quedó un momento así, como para que yo la apreciara en todo su esplendor... esta no es chica no es una niña es el tentación en persona, pensé. Ella desde su posición seguramente me vio, yo seguía helado, con la boca abierta, casi babeando. Se incorporo nuevamente sonriendo pícaramente, sabiendo que su jugada había surtido efecto en mi, y me dio el habitual beso de despedida en la mejilla, si se puede decir así, porque cada vez nuestros labios se tocaban mas.

La siguiente vez traía puesta aquella malla negra con que la había visto por primera vez, esa prenda que no dejaba nada a la imaginación y resaltaba nítidamente sus atributos. Esta vez al finalizar la lección decidió acompañarme hasta la puerta, pero estando en las escaleras que dan a su sala, no se si se le cayó o ella deliberadamente soltó su gancho de cabello, yo voltée al darme cuenta, ella estaba un escalón mas arriba que yo, así que nuestras cinturas quedaron casi a la misma altura. Yo hice un ademán de recoger el gancho y me acerqué un poco, ella repitiendo la misma operación de la ocasión anterior se inclino completamente, dándome la espalda, pero esta vez sus nalgas tocaron de lleno el bulto entre mis piernas, no supe que hacer. Ella levantó un poco la cabeza al sentirme pero no se movió de su posición, yo tampoco lo hice, mi polla ahora le daba de lleno en la raja de su trasero, no se cuanto tiempo estuvimos así, mi pene ya estaba casi erecto tratando de salir de mi pantalón.

Dejándome llevar por mis instintos, me anime a acercarme mas, a empujar un poco mas mi ingle contra sus nalgas y sentir mejor aquella raja donde se separan tan hermosas nalgas. Así lo hice, empujé un poco mas y ella no se alejó de mi, sino que siguió firme en su posición a pesar de mi torpe embestida. Casi podía sentirle su conchita a través de esa delgada malla que llevaba, ella no decía nada. Por fin pude sentir todo su tierno y virgen trasero, me dieron ganas de romperle la malla y clavarle mi verga, mis 21cm hasta el fondo... pero escuché el ruido de una puerta, supuse que seria su madre, así que me aleje un poco, ella se reincorporo algo ofuscada.

Inmediatamente me tapé con un libro que llevaba en la mano, ya que no podía disimular de otra forma mi erección. Cinthya se percató de ello porque lanzaba miradas furtivas a mi entrepierna, camino a la puerta ninguno de los dos dijo nada. Yo me sentía abochornado por la situación, un poco culpable; En que estuve pensando para hacer eso, esta vez se me pasó la mano... (bueno tal vez el pene), me decía. Decidí disculparme antes de irme, pero estando en el umbral de la salida, justo cuando iba a hablar, ella me dio un beso de lleno en los labios, un corto pero cálido y jugoso beso que me tapo la boca y me dejó sin palabras.

—Nos vemos... me dijo con una sonrisa cómplice.


Si les gusto mi historia, y les gustaría exitarse un rato conmigo, por chat, métanse al (messenger) a chatear conmigo, mi e-mail es ggacitua_soto@hotmail.com

Javier



Enviado por Pastis a las 05:18:13 el 20/12/2004 | Jovencit@s |