Me quede unos segundos observando la escena, mi mujer arrodillada, sus piernas separadas y su espalda y culo aún brillantes por el sudor de la jornada. No recuerdo que me calentó más, si su voz de puta pidiendo lechita para su boca u observar como por los pelos de su conchita semiabierta escurrían gotas de semen que caían de su culo. El primero en verme fue Jorge, quien con cara de conejo asustado se levantó rápidamente y tapó su paquete con las manos. Ella volteó lentamente, casi intuía mi presencia, pero al contrario de Jorge sus ojos no eran de temor sino de calentura.
Me gustaría contar, lo que me ocurrió cuando estaba mi pareja de viaje y yo me quedé sola ocho días en casa. Nosotros somos una pareja amantes del intercambio y desde hace dos años, siempre lo hacemos en grupo. También hemos hecho tríos, pero esta vez fue diferente. En la ciudad donde vivimos actualmente no hay clubs, así que es un poco difícil contactar parejas sw. Le echamos el ojo a un muchacho que no es sw, sino que es el novio de nuestra vecina. A mí no me terminaba de convencer así que todo quedó ahí, sólo en plática. Siempre estamos de acuerdo con quien vamos a estar, pero esta vez mi pareja tuvo que irse de viaje de imprevisto y yo no lo pude acompañar. Mi vecina que es muy amable me dijo que podía estar con ella todos los días, al fin que no tenía nada que hacer y yo no conozco a nadie; aquí donde estamos hablan otro idioma y yo no lo sé muy bien todavía. Mientras mi pareja estaba de viaje algunos días comíamos, otros cenábamos, etc.
Miguel, mi marido, no me había contado nada hasta justo 24 horas antes de irse de viaje. Se marchaba un domingo por la mañana y el viernes por la noche, cuando estábamos cenando, me preguntó que me parecería que, mientras él estaba fuera para que no estuviera sola en casa, viniera un amigo suyo para hacerme compañía. Le dije que no hacía falta que nadie me acompañara pero él insistió tanto que acabé por aceptar su propuesta aunque sin entenderla demasiado. Me dijo que este amigo se mudaría a nuestra casa durante los dos meses que el estaría fuera y que en ese tiempo me ayudaría y satisfacería en cuanto yo necesitara. Me quedé un poco perpleja pues si en mi época de soltera simultaneé de vez en cuando, varias camas al mismo tiempo, desde que me casé nunca lo había hecho. También me indicó que varias veces por semana vendría una señora a ayudarme en las faenas de la casa.
Somos un matrimonio, Elisa y Ricardo, de 39 años y sin hijos. Elisa es una hembra que está buenísima, morena, alta, con un buen par de tetas, cintura estrecha y unas duras y redondas nalgas, seguidas de muslos largos y macizos. Mi mujer es muy ardiente y siempre está dispuesta a echar un buen polvo pero, aunque tenemos amigos que practican el intercambio, mi mujer se ha negado a hacerlo siempre que yo se lo he pedido, aunque yo se lo comente en un momento en el que sé que ella está caliente.
Mi marido debía trabajar aquella tarde pues se aproximaban las fechas navideñas. Así pues me quedé sola en casa cuando después de comer llamaron a la puerta de forma insistente. Fui a abrir y me encontré con la sorpresa de ver a mi vecino Carlos apoyado en el marco de la puerta. Iba vestido con una camisa negra de lino y unos tejanos muy ceñidos que le marcaban todos los muslos y su paquete (evidentemente no me refiero al paquete de tabaco). Me saludó con una sonrisa encantadora y me dijo que venía del supermercado y que se había olvidado de comprar pan, leche y huevos y que si le podía dejar algo para salir del paso y no tener que volver a bajar a la calle. Carlos es un vecino nuestro al que conocíamos desde hacía tres años que era el tiempo que hacía que nos habíamos trasladado desde nuestra morada anterior.
Me llamo Berta, tengo 47 años, casada y madre de tres preciosas muchachitas. Mi marido es industrial y se gana muy bien la vida pero yo, que siempre he sido muy activa y no me gusta estar en casa, he continuado con mi trabajo de venta de material para oficina e imprentas. Como hace muchos años que me dedico a ello, tengo una buena lista de clientes a los que visito una vez a la semana o cuando ellos me indican, para anotar sus pedidos. Soy una mujer de estatura media, delgada aunque con un buen culo, llevo el pelo teñido caoba, para disimular mis innumerables canas, y visto de manera muy moderna pues debo mantener la imagen de una mujer que está al rollo, como dicen mis hijas. Lo único que no está de acuerdo con el resto de mi cuerpo, son las tetas. Las tengo muy largas más que gordas. Son como las de una cabra y me cuelgan hasta casi llegarme al ombligo. Las aureolas de mis pezones, son muy oscuras, casi negras y muy abultadas, así como mis pezones, gordos y largos como un dedo pulgar.
Soy Mª Jesús de Asturias, una madura y caliente mujer de 55 años, que a tan tardía edad y gracias a la colaboración y ánimos de mi marido, conocí de verdad lo que es disfrutar del sexo y sentirme, por primera vez, realizada y llena de la buena y joven polla de Ángel. Ángel me convirtió en una verdadera zorra pues logró meter su grueso miembro en mi culo diciéndome:
Les contare la primera y la única vez que le he sido infiel a mi esposo, cuando esto sucedió, yo trabajaba en un despacho contable, en México, cuando yo tenia trabajando más de un año mi jefe contrato un chofer el era de 1.70, delgado tez blanca, cabello negro rizado, labios carnosos, ojos grandes y pestañas rizadas y siempre vestía de traje era un muchacho muy apuesto, y también muy tímido.
Lo que voy a contar ocurrió durante el verano del año pasado. Pero primero me presentaré. Soy una mujer casada, tengo 40 años, dos hijos y me llamo Lina. Mi historia no es de insatisfacción, como suelen serlo las que mandan las mujeres de mi edad. Es una historia de vicio. Mi marido, a sus 45 años tiene la misma potencia sexual que cuando tenía 25, yo le causo la misma excitación que la primera vez que me folló a mis 20 años y me jode sin problemas siempre que yo se lo pido, que suele ser dos o tres veces por semana, y cuando a él le apetece. Con eso quiero decir que voy muy bien servida y no tengo necesidad de buscar fuera lo que ya tengo, y con creces, en mi casa. Físicamente me conservo bastante bien. De cara soy atractiva, morena de pelo, ojos negros de mirada profunda, y labios gruesos. Soy de estatura media, pechos enormes, demasiado, algo caídos, pezones largos, un poco de barriga, culo gordo, muslos gruesos y coño grande y profundo, de labios muy abultados y muy peludo.
A pesar de lo surrealista y atípica que os pueda parecer la historia que os voy a contar, os juro que es cierto que me pasó hace un par de años. Es curioso que solo lo sabemos dos personas, (yo jamás se lo he contado a nadie), y ahora me apetece tanto contarlo a todos. Mi nombre es Sandra y tengo 29 años, hace dos estuve ingresada en uno de los hospitales más grandes de Madrid, era la primera vez que estaba en un hospital y tenia mucho miedo a la operación, aunque no era demasiado importante, pero me daba pánico y me solía pasar las horas fuera de la habitación, tomando café y llorando alternativamente.