Desde que decidimos ir de viaje de novios al Caribe, lo único que pasaba por la cabeza de mi marido era follar todos los días como unos locos, pero lo que el no podía imaginar era que por mi cabeza pasaba la idea de probar un buen polvo con un dominicano, ya que siempre ha sido una ilusión mía probar con un hombre de color, y aunque lo comentamos muchas veces, la verdad es que no creíamos que no saliera la ocasión ya que, dentro del hotel era muy difícil ya que ellos tenían prohibido acercarse demasiado a los turistas, pero como yo siempre consigo lo que quiero me las ingenie para poder verme con uno de ellos fuera del hotel y así poder hacer realidad mi antojo.
Nos encontrábamos una noche en casa, mi esposo, un compañero de trabajo de mi esposo (Toni) y yo, mi esposo lo había invitado a ver un partido de fútbol y conversar de algunos temas relacionados con la contabilidad de la empresa, a medida que pasaba la noche las cervezas ya se habían transformado en licores un poco más fuertes, y mi esposo ya estaba demostrando que ya le estaban haciendo efecto, en cambio a Toni no se le notaba tanto, yo no había tomado tantos tragos como ellos pero si lo suficiente como para sentirme bastante animada, durante la conversación estábamos sentados en los sillones de nuestra sala, yo con mi esposo en el sillón grande y Toni estaba sentado frente a nosotros
Yo vivo en Barcelona, pero no soy de aquí, hace unos meses que emigré de mi país para venir acá. Una noche salí con mi novia a uno de los bares que hay en Barcelona a tomar unos tragos. Fuimos con una amiga de ella y el novio de esta última.
Me llamo Carmen, tengo 23 años y llevo dos años casada con Juan al que le encanta que la puta de su mujer, como él me llama, le ponga los cuernos. Por eso escribo, para contar una de las historias que he vivido pero de las que mi marido solo se va a enterar cuando las lea. Pero antes de contar la historia voy a decir como soy.
Hola a todos y todas lectores hace algún tiempo he venido leyendo las historias que se publican aquí, por eso es que hoy me he decidido a contarles la grandiosa historia de algo que me sucedió en realidad y quién sabe, con ayuda tal vez pueda repetirla.
Hola, soy Elvi, fui a Acapulco con mi pareja, a divertirnos y hacer travesuras por ahí, ¿Sabes? ¿Te cuento?. Bueno una de ellas fue salir en uno de los trajes de baño de hilo dental más atrevidos que tengo, a caminar por la costera, con zapatillas de tacón, aprovechando eso del reciente festival acafest, pues mucha gente aun piensa que eres una de las chicas que hacen promoción, mmmmm, que rico fue sentir todas esas miradas posándose en mis senos, en mis pezones enormes que amenazan con saltar del minúsculo sostén, y en mi cuerpo semidesnudo, y en mis nalguitas paraditas, encueraditas por el trajecito de hilo dental... no sabes que cosas escuche, unas divertidas, otras sexys, otras galantes y otras de plano harto groseras... pero todo eso me éxito, créeme, tanto que le dije a mi Uli, que me llevara al estacionamiento de Plaza bahía, pues me sentía empapadísima de mi sexo, y tenia que asearme, o cogerme a alguien, ¿no? ¿Quieres que te cuente más?.
A pesar de ser una mujer felizmente casada y sexualmente satisfecha, debo reconocer que, en el fondo de mi ego, muchas veces me asalta la idea de mantener relaciones con otros hombres.
Soy una persona casada y nunca le habia sido infiel a mi marido, ni cuando éramos novios, tengo 30 años hace aproximadamente unos nueve meses entro a trabajar un chico 3 años menor que yo, el tambien es casado, empezamos una platica de trabajo, aunque no soy su jefe inmediato, pero si dependen de mi algunas cosas laborales que tiene que repórtame.
El sábado fui al hiper para hacer la compra semanal y me avisaron que el pedido tardaría una hora en ser entregado porque había poca gente para la distribución en relación con la cantidad que debían llevar. La verdad es que no me preocupó porque eso me daba margen para ducharme antes de que llegaran. Así fue como me dispuse a darme un buen baño de inmersión. Llené la bañera de sales, coloqué un par de velas perfumadas en el baño y música suave llegaba desde mi cuarto.
Vivo en una bonita ciudad del noroeste de España, estoy felizmente casado y tengo dos hijos, pero lo que voy a contaros a sido una agradabilísima experiencia, por ser una situación inesperada y nunca ni siquiera soñada.