Mi nombre es Ana, tengo 37 años, casada y con 3 hijos. Mi marido (Manu) es un empresario dos años mayor que yo, somos un matrimonio feliz y nuestra vida discurría por los carriles normales de cualquier familia de clase media alta. La cosa empezó a cambiar hace más o menos 3 años cuando un par de negocios desafortunados y algunas malas inversiones nos hicieron caer estrepitosamente nuestro nivel económico. A partir de entonces lo que para nosotros había sido una vida placentera, se convirtió poco a poco en un callejón sin salida. Tuvimos que dejar nuestros beneficios burgueses de vacaciones en hoteles de lujo, club de golf, salidas a restaurantes de primera, etc. Las discusiones y el mal humor dentro del hogar, comenzó a ser la moneda corriente por aquellos días.
Pasábamos las vacaciones en Tenerife, disfrutando, como siempre, del descanso, sin que nos sobresaltara nada, sin preocupaciones y alejados de nuestros problemas rutinarios y urbanos. Mi mujer, Alba y yo íbamos a diario a la playa, o bien hacíamos excursiones, y por las noches disfrutábamos tranquilos en el apartamento o salíamos a tomar copas aprovechando el perfecto clima canario. Unas vacaciones totalmente antiestrés.
La verdad es que no sé por donde empezar. Me presentaré, tengo 42 años, y mi mujer 39, estamos de buen ver, pero sobretodo ella, que aparte de que esta buena (eso creo yo), también es atractiva. Y somos de la provincia de Barcelona. Llevamos casados 14 años, y nuestra vida sexual siempre ha sido mas bien monótona, sobretodo por lo que respecta a ella. Ya hacia años que en el sexo hacíamos puramente lo convencional, en cuanto a posturas, forma, siempre de noche (que es precisamente cuando más cansados estamos los dos...) y según que posturas no podemos hacer porque dice que le hago daño, en fin, seguro que la mayoría de vosotros sabéis de que hablo.
En esa época contaba yo con 22 años y estaba cursando la facultad de matemáticas en los primeros años. La historia que lo voy a relatar sucedió en el mismo barrio donde vivía.Resulta que yo estaba de novio con una chica de 19 años, de cabellos rubios, largos y llamativos, en realidad muy linda y cuya relación no era tan bién visto por sus padres.
Hace un par de años conocí a una chica que me deslumbró desde el día en que la conocí, era una mujer despampanante. Me hice amigo de ella y pues logré tener una confianza Themay, así llamaré a la chica. Bueno, como amigos empezamos a hablarnos de muchas cosas de nuestras vidas y por supuesto estas cosas eran cada vez más íntimas. Ella tenía novio en ese entonces, y yo también pero juntos (sin que nuestras parejas lo supieran) hablábamos de sexo. Ella jamás había tenido relaciones sexuales con nadie y me preguntaba cada detalle para matar sus dudas. Yo con algo de experiencia le contaba. Pero jamás hubo algo entre ella y yo, sexualmente hablando.
Soy una mujer de 55 años, casada y sin hijos. He dudado mucho en contar mi historia pero al final he pensado que podría ser interesante pues sé que hay muchas mujeres a las que les ha ocurrido lo mismo que a mí. Me enteré de que era una esposa engañada hace tan solo tres meses cuando descubrí en el cuello de una camisa de mi marido, manchas de carmín. No dije nada pero intenté descubrir más cosas por si todo hubiera sido una falsa alarma y las manchas fueran de otra cosa más inocente.
Trabajo en una empresa relacionada con la creación de software para computadoras. En uno de mis ratos de ocio, entre a un chat y contacte a una chica de 25 años de edad, después de platicar un buen rato pasamos al siguiente paso que seria conocernos personalmente. Yo soy casado, y siento que no me hace falta nada con mi esposa, pero habia querido siempre probar algo prohibido, por eso fue que decidí entrevistarme con esa chica.
El invierno había sido muy duro para Mónica. Había pasado una grave enfermedad y luego una honda depresión. Hacia primavera ya se encontraba mucho mejor y decidí que en verano nos merecíamos un buen homenaje y tiré la casa por la ventana para llevarla a un hotel de máximo lujo en la costa. Paisajes de ensueño, playa particular, piscina, campos de golf, de tenis, sauna, un comedor impresionante, habitaciones con todas las comodidades posibles... Una gozada. Los tres primeros días fueron inolvidables. Hicimos el amor cuantas veces podíamos y eran muchas, teníamos hambre atrasada.
Esto me sucedió hace algunos días, y es algo que no me lo esperaba y nunca imagine que pudiese suceder. Todo comenzó una tarde en la que me encontraba trabajando en la oficina, estaba a punto de marcharme, cuando escuché a un compañero que discutía con su novia, lo cual ya se había vuelto casi costumbre en los últimos días, su relación al parecer no andaba muy bien; por lo que no le di mucha importancia, cuando me acerqué a la puerta para salir, escuché un portazo muy fuerte y al abrir la puerta de mi oficina me encontré con Silvia hecha un mar de lagrimas.
Lola era una morenaza de pelo negro, esbelta, con unos muslazos de miedo, unas poderosas caderas y un culo duro, túrgido y prominente que se movía al caminar llamando a filas. Vestía siempre con pantalones ceñidos o con faldas muy cortas plisadas o con tablas, y que al caminar se movían al compás de sus andares y dejaban atisbar sus recios muslazos. Yo me enamoré de ella nada más verla en la cafetería en la que coincidíamos todas las mañanas y cuando se marchó después de tomar café, la seguí hasta su casa procurando que no me viera. Y así un día tras otro, aunque creo que ella sabía que la seguía porque de vez en cuando hacía como que se echaba el pelo por detrás de la oreja y me miraba. Yo me escondía y luego la volvía a seguir hasta que llegaba a su casa.