Todo el viaje bromee con mi mujer acerca de sus nuevos pechos, hacia un par de meses ella había decidido operarse las mamas y colocarse un par de domingas espectaculares. Por debajo del escote se veían poderosos y grandes. Se había puesto una 110 y estaba muy orgullosa pero no me había dejado verlos temiendo mi ímpetu, llevaba mas de un mes sin hacer el sexo, y el bienestar de la operación. Llegamos al hotel en la tarde y subimos a la habitación. Tomamos el ascensor con otra pareja de chicos jóvenes. Los dos no llegarían a los 20 años. El era casi como de mi tamaño pero más delgado y nervudo, se veía que practicaba deportes. Sus ojos, oscuros no se separaron de los pechos de mi mujer durante el trayecto. Ella por su parte, era una rubia de pelo corto y liso engominado y con unos preciosos ojos marrones. Llevaba puesto un top azul que realzaba algo sus pechos que me recordaron a los anteriores de mi mujer. Un bonito culo le arreglaba la espalda. Lo que me llamo la atención fueron sus labios, rojos y grandes. Una vez en la habitación le comente a Esther que el chico no le había quitado ojo de arriba lo que la puso algo colorada.
Soy Ricardo, tengo 30 años, estoy casado con Sara de 31… Salía de la oficina un Viernes por la tarde y en el vestíbulo del edificio me encontré a mi madre, tan linda como siempre con sus 47 años que lucen de 38, porque en realidad la vieja se cuida mucho. Nos invito a cenar el Sábado por la noche, velada compartida por Juan mi padrastro. Cuando llegamos a cenar con Sara, nos esperaba una velada que jamás olvidaremos porque lo que ocurrió allí fue verdadero, fue algo inesperado, sin planearlo y de improviso, fue una de esas cosas que estoy seguro a mas de alguno de ustedes le habrá pasado pero se lo tienen calladito ¿Eh?.
Buscando algo nuevo, Sara y yo decidimos irnos de vacaciones a unas cabañas ubicadas en las montañas de South Carolina. Habíamos oído que estas se caracterizaban por promover fantasías entre parejas. Íbamos con la mente abierta y dispuestos a lo que viniera. Habíamos acordado pocas limitaciones, como por ejemplo orgías abiertas donde hubiera mucha gente, el resto y entre una o dos parejas todo estaba permitido. Yo tengo una pija average de 8 pulgadas y siempre le he preguntado a Sara si no le pica la curiosidad de comerse una de aquellas que abundan en las historias eróticas, inmensas en tamaño e intensidad, siempre su respuesta ha sido la misma:
Que clase de bronca con mi esposa! Esta vez si estamos enfadados y por algo tan simple como quien debe hacer que en la casa... Salió ella de aquí hecha una furia y no se donde habrá ido. De vez en cuando tenemos estas broncas me imagino yo por el tedio y la rutina que asfixia a cualquiera. Nos damos cuenta de que solo vivimos para pagar cuentas y no tenemos tiempo para nosotros mismos. Llamare a la casa de Miriam a ver si Sara esta por allí... Claro! allí estaba! Dando cuentas de nuestra pelea. Dije a Miriam, voy para allá o para seguir la bronca o arreglarnos. Ella dijo, si, ven porque John y yo estamos en casa y nos gustaría poder ayudar, si se puede, claro esta.
Era el tiempo para un chequeo medico, fuimos Sara y yo al ginecólogo para ver como estaba la cosa después de tanto uso y disfrute… La enfermera nos llamo a entrar a la salita de auscultación. La enfermera era una morenaza caderona de pelo largo pero recogido y sujeto por la cofia de enfermera. Usaba las faldas cortas que dejaban ver sus piernas bien hechas. Al parecer a Sara le calentaba ir allí para enseñar la chucha abierta y en la cara del doctor…malo, malo…porque no podía evitar de mostrar lo mojada que estaba. El Doctor me indico que me sentara por allí atrás mientras el metía su cara en la concha peluda y mojada de Sara, mientras la enfermera ayudaba tomando apuntes y pasando utensilios.
Soy Ricardo y quiero compartir contigo amiga mía nuestro pensamiento de plena felicidad con mi esposa Sara, tu amiga de la juventud. Hace unas semanas estuvimos juntos ustedes y nosotros, compartiendo momentos íntimos y recuerdos bellos, momentos llenos de pasión, suavidad y desenfreno, ¿Lo recuerdas?. Tu esposo se mostró muy cortes con nosotros y apreciamos eso ya que cuando una pareja comparte con otra, existe vulnerabilidad y se corre el riesgo de que las cosas no siempre resulten bien. Hay quienes creen que los besos son privados, ¿Qué piensas de eso?. Hay personas que piensan que en un beso se entrega el amor y el alma a la otra persona y debieran estar reservados solo para quien tu amas. Contrariamente a lo que piensan otros, que tus partes privadas son cosas muy secretas y sagradas. Yo pienso que el primer planteamiento es valido. El segundo simplemente es retórica, cuando uno ama, como yo amo a Sara, entrego mi ser en cada beso que nos damos, el resto de culear con otras personas solo es eso, sexo y diversión sana ya que estamos juntos compartiendo todo eso, sin lugar a celos ya que estamos seguros de nuestro amor.
Me llamo Mario y mi mujer Patricia, salimos desde hace ya muchos años con otra pareja de amigos, José y Mari. Un domingo estábamos tomando el café rutinario y mientras reíamos de las cosas que contábamos coincidí con la mirada de Mari y me fijé por primera vez en la pareja de mi amigo. Desde ese día me di cuenta de que a ella le ponía nerviosa que le mirase de esa forma tan especial, pues sin dar síntomas de evidencia los dos sabíamos que existía algo de química en todo aquello.
Éramos dos parejas de vacaciones, los 4 amigos del instituto y con muchas horas de vuelo juntos, aunque no revueltos. Javi y yo íbamos a la misma clase y Maria y mi novia Sandra un curso por debajo en otro instituto. Habíamos quedado en invierno en salir de camping en el mes de Julio y por fin había llegado la fecha.
Me llamo Angelines, tengo 28 años, un cuerpo bastante atractivo, tetas no muy grandes pero firmes, culo empinado y cintura estrecha. Mido 1,72 y peso 74kg. Soy morena y tengo los ojos verdosos y rasgados. Mi marido se llama Toño, tiene 34 años, mide 1,74, pesa 89kg, su polla es más bien pequeña ya que le mide 12 cms, es moreno y simpático. Yo pensé que nunca tendría nada que contar hasta que conocimos a Gemma y Eduardo. Gemma tiene mi edad, 28 años, es muy atractiva y ardiente. Edu es mayor, tiene 54 años, pero no está nada mal desde mi punto de vista.
Llevaba tiempo pensando en la posibilidad de enriquecer nuestra vida sexual con un intercambio de pareja, pero nunca me había atrevido a comentárselo a mi mujer, Miranda, ni por supuesto a nuestros mejores amigos, Blanca y Daniel. Así que todo surgió de la forma más natural. Habíamos ido a pasar un fin de semana a un chalé a la orilla del Atlántico y paseábamos los cuatro por una hermosa playa desierta una tarde bastante fresquita de otoño. Daniel, cuyo temperamento alocado ya conocíamos, propuso de repente: