Conocí a mi mujer en un complejo deportivo que hay en mi ciudad. Ella es profesora de aeróbic y yo soy fisioterapeuta. Por entonces estaba con un equipo de fútbol sala y después aprovechaba para hacer pesas o nadar. En el gimnasio fue donde vi a Sonia por primera vez. Todos los hombres cada vez que entraban le echaban el ojo encima. Sonia tiene el pelo castaño y largo, aunque suele llevarlo recogido casi siempre. Sus pechos son pequeños pero bien formados y lo que más me gusta es de cintura para abajo. Tiene el mejor culo del mundo, y una piernas que sin no ser demasiado alta, si las tiene preciosas. El roce diario y una lesión que tuvo, la acercaron más a mí. Lo cierto es que nos llevamos pocos años de novios, dos años, cuando nos decidimos a casarnos.
Este relato es fruto de la experiencia que vivió un amigo, quien fue llevando los juegos eróticos de su pareja, de la fantasía a la realidad. Pero cuando llega el momento no siempre se puede tener el control de la situación...
Mi amigo estaba verdaderamente desesperado después de los acontecimientos de aquella noche. Cuando salió apuradamente con su mujer de la casa donde habían mantenido relaciones con Fernando y Vero, solo tenía en mente averiguar por qué su esposa había disfrutado tanto con Fernando.
Cap d' Adge es una pequeña población del sur de Francia, donde se encuentra la zona nudista más importante del mundo, playas, discotecas, campings, hoteles, apartamentos, etc. Junto a una amiga decidimos pasar unos días, en un camping. Lógicamente el ambiente liberal también tiene su hueco en esta zona.
El verano pasado decidimos hacer un viaje todo el grupo de amigos que salimos siempre juntos. Por unas razones u otras al final sólo quedamos dos parejas para ir (los cuatro que mejor nos llevábamos). Tras un mes preparando todo el viaje decidimos ir a Almería, ya que no va tanto turismo por allí y las playas son limpias. Una vez allí nos alojamos en un maravilloso hotel al lado de la playa, sólo teníamos que salir y ya estábamos en la playa. El Hotel era una maravilla con todo lujo de detalles tanto en las instalaciones como en las inmediaciones.
Hace años, al poco tiempo de llegar aquí, estando de vacaciones, íbamos diariamente a la playa. Un Viernes estábamos tomando el sol cuando llegó una pareja de extranjeros y pusieron sus tumbonas cerca de las nuestras. Nos dieron los buenos días; ella en un español perfecto; el ya no tanto. Se pusieron en bañador, ella en top-less y se tumbaron al sol. Eran algo mayores. Calculé que el sería de mi edad; ella algo más joven, pero desde luego mayor que Angelines. Ambos estaban bien formados con unos cuerpos atractivos y muy bien cuidados. Seguramente irían al gimnasio. Los dos rubios; el alto y fuerte; ella más menuda, con un pecho firme y bien puesto y un culo subido ya nada flácido. Estaban pero que muy bien.
Hace ya bastante tiempo, entablamos relación con un matrimonio, dos chicos estupendos con los que compartíamos algunas salidas: ir al cine, tomar unas copas. El, Jaime, era un chico alto, sanote, algo más joven que yo, muy atractivo físicamente y con un comportamiento noble, leal y sin dobleces ni envidias. Ella, Sylvia, tenía las mismas cualidades morales y de comportamiento pero, en el físico, contrastaba notablemente. Era rubia, no muy alta, menuda, pero redondita, con dos pechitos que eran poco más que dos limones y un culito pequeño, redondo y respingón. Era como una muñeca, pero también muy atractiva y que inspiraba un sentimiento muy particular de querer acariciarla, mitad por ternura y mitad por deseo. Se querían con locura. Se llevaban estupendamente bien y no había entre ellos ninguna incomprensión, salvo que, según me confesó Jaime un día, había una pequeñita laguna: Por culpa de que el tenía un pene demasiado grande y ella una vagina pequeña, muchas veces, al intentar penetrarla, le causaba algo de dolor y acababan haciéndose, mutuamente, una paja. Además, me dije; la pasión fuerte me la provocan los pechos y caderas más grandes y rotundos que los de Sylvia. En una ocasión se le escapó decir: “Así como los que tiene tu mujer.
Os voy a relatar algo que supuso una de las mejores experiencias que he tenido. Desde hace casi un mes estoy con Eva. La conocí en un pub de copas cuyo dueño es amigo mío, y frecuento con asiduidad. Ella fue con una amiga suya, Lisa. Solían ir bastante por el pub, así que conocían a mi amigo Ivan. Eso hizo que me las presentara y entablásemos una larga y distendida conversación. Los pase muy bien esa noche.
Caro y yo conocimos a una pareja por Internet hace tiempo conversábamos y nos conocimos en un café y punto, nos caímos muy bien, así que decidimos tras varias conversaciones salir a relajarnos un fin de semana, en muchas ocasiones nosotros habíamos fantaseado en la intimidad sobre hacer un trío con otra chica, ya que a Caro siempre le llamo la atención dos cosas tener sexo con otra chica y verme a mi con otra mujer, como son sus palabras le gustaría verme hacer disfrutar a otra mujer, nosotros sabíamos que Eliza y Omar estaban en busca de nuevas experiencias.
Mi nombre es Alberto, tengo 38 años y mi esposa se llama Mirna y tiene 32. La historia que les voy a contar ocurrió en una fiesta familiar. La fiesta empezó temprano, así que la mayoría de los invitados se empezaron a retirar alrededor de las 4 de la tarde. Para eso de las nueve de la noche, ya solo quedábamos nosotros y una pareja amiga, Guadalupe y Raúl, ambos afines con nosotros. Siguió la conversación por diversos caminos hasta que ésta empezó a tomar el camino del sexo. Empezamos a hacer comentarios cada vez mas abiertos sobre nuestros gustos y opiniones sobre diversos temas y así la conversación empezó a caldearse. Me di cuenta que mi esposa se estaba calentando, ya que se le empezaron a notar los pezones en la blusa. Hacia algún tiempo habíamos fantaseado con realizar un intercambio con alguna pareja amiga, pero no nos animábamos al tratar de hacerlo realidad. Aprovechando una ida a la cocina a servir mas botanas, yo le pregunte que le estaba pareciendo la conversación, a lo que ella me contestó que no había podido evitar el calentarse. Yo me había dado cuenta que nosotros tampoco le éramos indiferentes a nuestros amigos, así que decidí proponerle a Mirna si le gustaría tener nuestro primer intercambio con ellos. Ella me contestó fascinada que si, pero que como le haríamos. Yo le dije “tu déjame y sígueme la corriente, pero sobre todo, confía en mí”. Ella aceptó y regresamos a seguir nuestra conversación como si nada. Fui empezando a orientar la conversación hacia el tema del intercambio y la opinión que teníamos de ello: